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Guía independiente de bodegas, cultura del vino y enoturismo en la Denominación de Origen Calificada Rioja

30 de agosto de 2016

La D.O.C. Rioja

Historia

La Denominación de Origen Calificada Rioja puede ser considerada la denominación de origen más antigua de España. Sus antecedentes legales se remontan a 1926, fecha en la que se decretó la creación de un organismo que regulara el uso de la marca colectiva “Rioja”, cuya utilización en las etiquetas de vino había sido autorizada un año antes.

Es también la denominación de origen que cuenta con mayor número de bodegas inscritas, 600 con registro de industria embotelladora, y la primera que obtuvo, en 1991, el rango de “Calificada”, una distinción establecida por la Ley española para reconocer a aquellas denominaciones de origen que cumplen determinados requisitos de control y calidad. Rioja la ostentó en solitario hasta el año 2000, cuando le fue otorgada también a la Denominación de Origen Priorat.

La tradición vitícola de la región está acreditada, al menos, desde la época romana. Durante la Edad Media la vinicultura estuvo muy ligada a la actividad de los monasterios, y Gonzalo de Berceo, primer poeta conocido en lengua castellana, menciona el vino en unos versos escritos en San Millán de la Cogolla (La Rioja), uno de los focos culturales más importantes de la época.

Ya en el siglo XVIII se creó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de Rioja. Pero el verdadero florecimiento del vino de Rioja se produjo en la segunda mitad del XIX, a raíz de la llegada a la región de compradores y bodegueros franceses que iniciaron un pujante comercio con el país vecino, y que introdujeron en la zona las técnicas de elaboración de Burdeos.

Medidas de calidad en la D.O.C. Rioja

El prestigio internacional de los vinos de Rioja responde en parte a las buenas condiciones del territorio para producir uva de calidad. Pero también a su larga tradición vitivinícola y a las estrictas normas de control impuestas por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen, que superan en rigor a las de muchas otras regiones del mundo y que fueron reconocidas con la concesión a la denominación de origen del rango de “Calificada”.

Con objeto de garantizar la calidad de los vinos de Rioja, el reglamento de la denominación establece, entre otros aspectos, el número mínimo y máximo de cepas que se puede plantar por hectárea; el uso o no de sistemas de riego; el modo de podar las plantas, incluyendo el número de yemas por cepa; el grado alcohólico que deben tener las uvas vendimiadas; la producción máxima de uva por hectárea; las técnicas de elaboración, que excluyen la utilización de ciertos tipos de prensa y otras máquinas; las formas y condiciones de crianza del vino, que prohíben el uso de trozos de madera para aportar aromas a bajo coste, y los requisitos de las bodegas de crianza, que deben contar con un número mínimo de barricas bordelesas de roble para ser consideradas como tales.

Los técnicos del Consejo supervisan cada año, durante el periodo de vendimia, la uva que entra en las distintas bodegas de elaboración, y una vez obtenidos los vinos realizan análisis químicos y catas de todos y cada uno de ellos para determinar si merecen la calificación oficial de vinos de Rioja o no.

Variedades de uva autorizadas en la D.O.C. Rioja

El Reglamento de la Denominación de Origen determina las variedades de uva que se pueden emplear en la elaboración de vinos de Rioja, así como los porcentajes mínimos y máximos de cada una de ellas.

Durante décadas hubo siete únicas variedades autorizadas por el Consejo Regulador: cuatro tintas (tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano) y tres blancas (viura, malvasía y garnacha blanca). A comienzos del año 2007, el Consejo aprobó por primera vez desde su creación la incorporación de nuevas variedades.

En la actualidad son cinco tintas y nueve blancas: tempranillo, garnacha, mazuelo, graciano y maturana tinta, por un lado, y viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanco, maturana blanca, turruntés, chardonnay, sauvignon blanc y verdejo, por otro.

Las tres subzonas de la D.O.C. Rioja

El área de cultivo de la denominación de origen se sitúa en el valle del Ebro y se divide en tres zonas con diversas características climáticas y de composición de suelos: Rioja Alavesa, Rioja Alta y Rioja Baja. El Ebro entra en la región por el noroeste (Rioja Alta), a unos 445 metros de altitud, y la abandona por el este (Rioja Baja), a 260 metros. Entre un punto y otro recorre unos 120 kilómetros. Los viñedos se encuentran a ambos márgenes del río, y en algunos puntos ascienden por la vertiente de las montañas que delimitan el valle hasta una altura máxima de 700 metros.

La Rioja Alta ocupa la mitad oeste de la Denominación y la Rioja Baja la mitad este. La Rioja Alavesa se encuentra al norte de la Rioja Alta, entre el río Ebro, que constituye su frontera sur, y la Sierra de Cantabria, que la resguarda de los vientos del norte. En la Rioja Alavesa hay 18 municipios, que pertenecen a la provincia de Álava; en la Rioja Alta, 76 municipios, que pertenecen a La Rioja, y en la Rioja Baja hay 42 municipios riojanos y 8 navarros. Así como la parte alavesa de la denominación de origen coincide con una de las siete comarcas oficiales o “cuadrillas” en que está dividida Álava, la parte navarra no constituye ninguna región administrativa específica, ni posee un nombre propio que la identifique.

En conjunto, la Rioja Alta y la Rioja Alavesa poseen un clima con influencias atlánticas y mediterráneas, mientras que en la Rioja Baja predomina el clima mediterráneo, más cálido y seco. Estas diferencias se aprecian fácilmente en el paisaje y la vegetación, aunque dentro de cada zona se dan diversos microclimas en función de factores como la orientación solar o la mayor o menor exposición a los vientos.

Los suelos son también relativamente variados, con predominio de tres tipos: arcilloso-calcáreos, arcilloso-ferrosos y aluviales. En la Rioja Alavesa, de relieve accidentado, son características las viñas de pequeño tamaño, ubicadas en terrazas y pendientes suaves, con suelos arcilloso-calcáreos. La Rioja Baja es más llana, tiene viñedos más extensos y mayor cantidad de suelos aluviales. La Rioja Alta reúne características de las otras dos zonas, con suelos de los tres tipos y microclimas variados. Algunos de sus municipios se sitúan al norte del río Ebro, junto a los alaveses.

Tipos de vino de Rioja

En la Denominación de Origen Calificada Rioja se elaboran vinos tintos, blancos y rosados, que se han clasificado tradicionalmente en función de su edad en el momento de ser etiquetados y del proceso de crianza y envejecimiento que han seguido. El Consejo Regulador establece cuatro categorías: vino joven, vino crianza, vino reserva y vino gran reserva, tanto para los tintos como para los blancos, pues hay bodegas que elaboran vinos blancos con gran capacidad de envejecimiento.

Los vinos jóvenes son vinos comercializados en su primer o segundo año de vida, que tradicionalmente pasaban de los depósitos a la botella, sin un periodo intermedio de crianza en barrica, y en los que predominan la frescura y los aromas primarios procedentes de la uva.

Los vinos de crianza se comercializan como pronto en su tercer año de vida, después de pasar al menos un año en barrica (en el caso de los tintos) o seis meses (en el caso de los blancos). El resto del tiempo envejecen en botella antes de ser etiquetados.

Los vinos de reserva han sido sometidos al menos a tres años completos de envejecimiento, aunque el periodo mínimo de permanencia en barrica coincide con el de los crianzas: un año. En el caso de los blancos, el periodo total de envejecimiento exigido se reduce a dos años, de los cuales medio año como mínimo debe ser en barrica.

Por último, los grandes reservas se elaboran sólo en añadas con uva de gran calidad, y se etiquetan después de permanecer como mínimo dos años en barrica y tres en botella. En el caso de los blancos, se exige un periodo total de envejecimiento de al menos cuatro años, mientras que el periodo mínimo de permanencia en barrica es igual al de los reservas y crianzas: seis meses.

En la actualidad algunos bodegueros rechazan estas categorías, pues consideran que resultan demasiado rígidas y que llevan a los consumidores a confundir los tiempos de envejecimiento de los vinos con su calidad. Entre muchos consumidores españoles se da, en efecto, la idea equivocada de que un gran reserva es “mejor” que un reserva y que un reserva ha de ser también mejor que un crianza, cuando la calidad de los vinos depende más de la viticultura y de la idoneidad de los procesos de elaboración y crianza que del tiempo que pasen en la bodega. En consecuencia, los bodegueros a los que nos referimos proporcionan a sus vinos los periodos de crianza en barrica y de envejecimiento en botella que consideran más adecuados para obtener determinadas características, y renuncian a etiquetarlos como jóvenes, crianzas o reservas si no se ajustan a los tiempos de referencia establecidos por el Consejo Regulador. Hay vinos jóvenes que han permanecido durante algún tiempo en barrica, y por lo tanto tienen características distintas a las de un vino cosechero tradicional, y también vinos criados en barrica que no alcanzan los periodos mínimos exigidos a un reserva, pero superan ampliamente los habituales de un crianza. Algunos de los mejores vinos de Rioja no llevan hoy estas categorías identificativas y se limitan a indicar la añada en la etiqueta.

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