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El Museo de la Cultura del Vino "Dinastía Vivanco" figura entre los mejores del mundo dentro de su género, y se ha convertido en un referente del turismo enológico en La Rioja y en España. Fue inaugurado en junio de 2004 por el Rey Juan Carlos I y surgió a raíz de una iniciativa privada de la familia Vivanco, viticultores y bodegueros desde 1915, que transformó su colección particular en un proyecto museológico.
El centro se sitúa en las afueras de Briones, junto a los viñedos y la bodega actual de la familia, y cuenta en el exterior con una colección de 222 variedades de vid procedentes de todo el mundo, plantadas en una parcela de 6.000 metros cuadrados y descritas mediante carteles explicativos. Esta colección ampelográfica está abierta al público de manera gratuita.
El edificio del museo fue diseñado por el arquitecto afincado en La Rioja Jesús Marino Pascual, y consta de cuatro plantas. En la planta baja se encuentran la recepción, una cafetería, un restaurante de cocina riojana tradicional y actual, una enotienda y una sala de exposiciones temporales, además de la puerta de acceso a las salas de la exposición permanente. La planta primera incluye un aula de cata, una sala de actos, el segundo piso del restaurante y el Centro de Documentación del Vino, una valiosa biblioteca especializada con más de 5.000 volúmenes sobre viticultura, enología y otros temas relacionados con el papel del vino en la civilización: arqueología, historia, arte, etnología… Entre el material bibliográfico figuran algunos ejemplares incunables del siglo XV.
Los fondos permanentes del museo se distribuyen en cinco salas temáticas situadas en la planta baja y en el sótano. La primera, denominada “Nacer, crecer, madurar”, divulga los orígenes del vino y los principales procesos de la viticultura y la vinificación. Incluye numerosos utensilios agrícolas y de laboratorio de diversas épocas. El segundo espacio, “Guardar las esencias”, se ocupa de los recipientes utilizados para la crianza y conservación del vino, y explica labores artesanales como la construcción de barricas o el papel que desempeña el corcho en la botella. La tercera sala, “El sueño”, describe los diferentes trabajos que se llevan a cabo en la bodega, con la ayuda de múltiples utensilios de época, e incluye un espacio con esencias para que los visitantes aprendan a reconocer los aromas que se pueden apreciar en una cata.
La cuarta sala, “Arte y símbolo”, reúne una importante colección de piezas arqueológicas y artísticas relacionadas con el consumo del vino, que ilustra la función que ha desempeñado en diversas culturas a lo largo de los siglos. Bronces egipcios, cerámicas griegas, mármoles romanos o mosaicos bizantinos dejan paso a estatuas, copas, platos, medallas, relojes, grabados, litografías y pinturas que llevan las firmas de Sorolla, el Españoleto o Picasso. Finalmente, la quinta sala, “Abrir, servir, beber”, recoge numerosos objetos utilizados para el servicio del vino y una singular colección de cerca de 3.000 sacacorchos.
El recorrido integra un itinerario especial para personas invidentes o con deficiencias visuales.